18 Septiembre 2018

La cultura del optimismo en las organizaciones

A veces, el estado del mundo hace que el optimismo sea difícil de mantener, pero el hecho cierto es que la curiosidad y la innovación no crecen en las organizaciones que se han vuelto pesimistas y donde se respira el desaliento.
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La cultura del optimismo en las organizaciones
La cultura del optimismo en las organizaciones
Las cosas no funcionan en las organizaciones en las que las ideas se desechan antes de que tengan la oportunidad de cobrar vida; cuando las personas dispuestas a asumir riesgos son expulsadas; cuando los líderes evitan los proyectos con resultados inciertos por temor a que pueda dañar sus posibilidades de progreso; cuando los equipos de proyecto siempre están nerviosos, suspicaces y propensos a cuestionar lo que la dirección quiere; iIncluso cuando el liderazgo quiere promover la innovación disruptiva y la experimentación abierta y descubre que nadie está dispuesto a dar un paso adelante sin permiso, lo que generalmente significará la derrota antes de empezar.

Sin optimismo, entendido como la creencia inquebrantable de que las cosas podrían ser mejores de lo que son, la voluntad de experimentar se verá frustrada continuamente hasta que se marchite.

Para aprovechar el poder del diseño en las empresas, las personas, los equipos y las organizaciones deben cultivar el optimismo. La gente tiene que creer que está en su poder (o al menos el poder de su equipo) crear nuevas ideas, que resolverán las necesidades no satisfechas, y que tendrán un impacto positivo en la sociedad.

Cuando Steve Jobs regresó a Apple en el verano de 1997 después de ser despedido por su propio consejo, encontró una empresa desmoralizada que había extendido sus recursos a través de más de quince plataformas de productos. Esos equipos estaban, de hecho, compitiendo entre ellos por la supervivencia. Con toda la audacia por la que es conocido, Jobs recortó las ofertas de la compañía de quince a cuatro: un ordenador de escritorio y un portátil para profesionales, y un ordenador de escritorio y un portátil “para el resto de nosotros”. Todos los empleados entendieron que el proyecto en el que estaban trabajando representaba una cuarta parte del negocio de Apple y no había posibilidad de que fuera echado a la basura por un financiero que analizara los balances. El optimismo se disparó, la moral giró 180 grados, y el resto, como dice el refrán, es historia.

El optimismo requiere esperanza en que las cosas pueden ocurrir y esa esperanza se basa en la confianza. Y la confianza, como sabemos, debe de fluir en ambas direcciones.
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