Escritos

Cualquier objeto construido es como la figura de un tapiz hecho con hilos que van de un lado a otro de la urdimbre. Por leyes generativas, de conexión, y por el orden de elaboración, se crean figuras, cuya naturaleza revela un conjunto de variables: los hilos. Tiendo a pensar que un objeto no tiene principio ni fin.
  • Por: Juan Navarro Baldeweg / Ed. Pre-textos
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La apreciación de la obra de arte cuenta siempre con un objeto externo y unas reacciones que se desencadenan en lo interno. Es una articulación de dos aportaciones de origen opuesto. La noción de postimagen me parece paradigmática y sirve como metáfora que cubre muchas ocasiones en la experiencia de la arquitectura o de cualquier obra de arte. La postimagen destila, condensa y representa el modo en que actúa la obra al vivirla. Ese objeto real ante nosotros brilla súbitamente y parece emitir una luz propia. La obra percibida resplandece en una especie de transfiguración. Algo de fuera suscita unos mensajes que sólo se comprenden si contamos con una memoria de sensaciones y la excitación de unos órganos, en varios niveles de profundidad, que son activados al unísono de la entrada de información por los sentidos. Cualquier obra de arte reside en ese espacio intermedio o híbrido. Se instala en una conexión intermitente, oscilante en un ir y venir, entre lo que recibimos y lo que damos.

Año: 2017
ISBN: 978-84-16906-49-9
Nº de edición: 1ª
Encuadernación: Rústica
Formato: 24x17 cm
Páginas: 316

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