07 Abril 2014

Hombre de Piedra en Sevilla

CONTENEDORES REUTILIZADOS COMO ELEMENTOS ARQUITÉCTONICOS BIOCLIMÁTICOS

El diseño sostenible de la terminal aprovecha las posibilidades constructivas y plásticas de los contenedores reutilizados, adaptándolas a un entorno y a un clima concreto. El calor del sol en Sevilla sobre la envolvente de chapa podría convertir la terminal en un horno. Las estrategias bioclimáticas son, por tanto, imprescindibles.
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contenedores reutilizados, adaptándos a un entorno y a un clima concreto
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Hombre de Piedra
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El Puerto de Sevilla requería una nueva Terminal de Cruceros con un carácter flexible, multiusos, ampliable, fácilmente removible e incluso trasladable. Esto le permitiría adaptarse a la dificultad de previsión del volumen de pasajeros en el puerto y no limitaría las posibilidades del valioso espacio urbano-portuario del Muelle de las Delicias. Se planteó resolver el proyecto mediante contenedores  marítimos. Por otro lado, el lugar, junto al casco histórico, reclamaba un objeto de calidad  arquitectónica que promoviera el diálogo entre el puerto y su entorno urbano.

El trabajo in situ sólo podía durar 15 días, el tiempo máximo entre el atraque consecutivo de dos  cruceros. La construcción modular con contenedores marítimos reciclados permitiría el trabajo en taller,  aseguraría precisión en la puesta en obra y garantizaría el cumplimiento de los plazos de ejecución.

Se disponen en paralelo contenedores “high cube” separados, y sobre el espacio entre ellos se colocan contenedores estándar cuyo suelo se recorta y baja hasta la cota del de los anteriores. Gracias a ello se obtienen dobles alturas que desahogan el espacio y permiten que el aire caliente se situé en la parte superior por estratificación. Las aperturas según los vientos dominantes de los contenedores superiores permiten ventilación cruzada que retira este calor acumulado en la parte superior. La pintura blanca exterior permite la reflexión de hasta el 90 por ciento de la radiación solar y su especial composición con microesferas cerámicas evita su excesivo calentamiento.

Para conseguir el gran hall diáfano que se necesitaba a pesar de la limitación en anchura de los contenedores, se diseña este espacio transversalmente a ellos. En la chapa lateral se abren los máximos huecos posibles pero sin comprometer su estabilidad estructural tanto en su fase final como durante su transporte, montaje y desmontaje.

Los contenedores superiores actúan como lucernarios. Las luces y sombras generadas así como los machones estructurales de chapa, permiten diferenciar interiormente los distintos espacios yuxtapuestos de los contenedores recordando, a menor escala, la sucesión de las tradicionales naves portuarias. Al estar los contenedores superiores separados entre sí y sobresalir en vuelo hacia el río, se reconocen individualmente con claridad y reciben al pasajero que llega en barco.

La planta inferior, más masiva, está deprimida con respecto a la cota de la ciudad. Los lucernarios separados permiten observar ambas riberas a través de ellos. De cerca, muestran claramente su naturaleza de contenedor marítimo. Desde la otra orilla, Los Remedios, conforman un basamento bajo con forma de damero que no compite con la arquitectura regionalista que hay detrás de él. Las puertas que se retiran de los contenedores superiores se aprovechan en el interior; los suelos originales también se utilizan, una vez tratados, como pavimento terminado. Los acabados no intentan ocultar los detalles industriales que permiten reconocer al contenedor, dando una inconfundible personalidad al espacio.

Según las matrículas localizadoras de cada uno de los 23 contenedores reutilizados ha recorrido 1.150.000 km. Esto equivale a tres veces el viaje de la tierra a la luna o a 29 vueltas al mundo.

Mientras que el terminal no está siendo utilizada por el puerto, se alquila para ser utilizada como pabellón de exposiciones, como sala de eventos, o incluso como un espacio de conciertos.

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