21 Noviembre 2012

Nueva sede de la Fundación Botín

La Fundación Botín ha establecido sus nuevas oficinas en Madrid por la elección de un edificio industrial 1920 por el arquitecto Gonzalo Aguado, que fue durante años el taller de Orfebrería Espuñes Luis y más recientemente la tienda Vinçon en Madrid.
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Nueva sede de la Fundación Botín
Nueva sede de la Fundación Botín
Un antiguo edificio industrial situado en el corazón del barrio de Salamanca alberga la nueva sede de la Fundación Botín en Madrid. Se trata de un edificio catalogado, construido en 1920 por Gonzalo Aguado, que fue durante décadas una fábrica de platería y, en los últimos años, rehabilitado por Enrique Bardají, acogió la sucursal madrileña de la tienda de diseño y decoración Vinçon. El objetivo del proyecto para la Fundación Botín, llevado a cabo por MVN arquitectos —Emilio Medina García y Diego Varela de Ugarte— en colaboración con el interiorista Juan Luis Líbano, ha sido recuperar la singularidad de la nave original consiguiendo un espacio que mantuviera la esencia de su carácter industrial. Para ello la intervención descubre la estructura original de acero y fábrica de ladrillo, transformada en las actuaciones anteriores, y la expone abiertamente junto con los acabados de nueva ejecución, principalmente en madera de roble, acero y vidrio. El proyecto recupera asimismo la entrada de luz natural en todo el edificio, una luz que se convierte en argumento principal de la rehabilitación: se abren huecos en fachada antes tapiados; se recuperan lucernarios que permanecían cerrados; y se recorta la estructura interior para conectar las dos plantas principales con un atrio en el vestíbulo de acceso. La planta baja acoge las actividades destinadas al público, y se configura como un espacio diáfano, modulable y flexible. La planta primera funciona como área de gestión de la fundación, con una zona diferenciada para reuniones y un amplio y luminoso espacio abierto bajo la estructura original y los nuevos lucernarios; ambas zonas se organizan en torno al nuevo hueco abierto y la linterna que corona este espacio sobre el atrio. El único espacio cerrado que requiere el programa se resuelve con una caja de vidrio y mínima estructura, casi exenta como un objeto más del mobiliario, que permite mantener la identidad del espacio completo.
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