01 Febrero 2012

82 viviendas en Carabanchel + Amann, Cánovas, Mauri

Abierto a los cuatro vientos

El proyecto nace de un Concurso convocado por la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo de Madrid en el que se obtiene el Primer Premio. Se desarrolla en el nuevo ensanche del barrio de Carabanchel, cercano al aeródromo de Cuatro Vientos.
  • Fotografías: © Miguel de Guzmán / © David Frutos
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El programa propuesto se centra el la construcción de 82 viviendas sometidas al régimen de protección pública de uno, dos, tres y cuatro dormitorios. Se complementa con un sótano para aparcamiento privado e instalaciones, así como zonas comunes en planta baja. La propuesta no se construye desde la revisión de la manzana, aunque aparente hacerlo, sino desde la cualidad del bloque abierto de ancho de crujía mínimo con perforaciones pasantes. Dicho bloque se dobla para configurar un espacio cerrado al interior lejano de los patios de manzana. Un bloque lineal con fachadas principales en todas sus caras, con el mismo tipo de acabado al interior y al exterior.

El edificio se cierra sobre sí mismo generando una cinta de edificación permeable, que se ajusta de manera estricta a los límites de la parcela y que entiende que los condicionantes normativos son materia de proyecto. Dichos condicionantes se llevan a una situación extrema, buscando nuevas posibilidades en el tipo de vivienda y en la morfología del edificio. El pensamiento positivo de entender que la vida cotidiana y sus límites proporcionan material de trabajo para la configuración del proyecto de vivienda se constituye en un atractivo de primer orden en el desarrollo de nuestro trabajo.
La situación de ancho de banda mínimo para generar viviendas de dos crujías con ventilación cruzada y doblemente orientadas, acaba por construir un patio interior de dimensiones considerables listo para convertirse en el corazón del proyecto. La propuesta se desplaza en este aspecto desde el interés por la vivienda al compromiso por el espacio público y entiende la necesidad de generar espacios colectivos que respondan a unos condicionantes mínimos de sociabilidad. En unos desarrollos urbanísticos vinculados de una manera irreflexiva al crecimiento del transporte privado, con calles trazadas desde la desmesura, en los que la calle y la plaza como lugar de relación han desaparecido a favor del centro comercial, se hace necesario aportar también desde el proyecto de vivienda una cierta dosis de compromiso para la generación de espacio público.

El espacio público interior queda entreabierto y conectado al conjunto del ensanche, asumiendo con descaro una condición ambigua de exterior e interior y la conexión entre las distintas cotas topográficas existentes. Ese espacio público interior es un jardín y una plaza, una jardín profusamente arbolado desde la diversidad de especies vegetales de bajo mantenimiento, compatibles y autóctonas. También es una plaza en la que se pueden desarrollar programas de distinta cualidad, en la que conviven personas de distintas edades, en la que se practica deporte y se toma el sol de invierno. Un espacio en el que los niños juegan mientras son tranquilamente vigilados desde las viviendas. Un lugar que en definitiva articula el conjunto del proyecto.

Esa isla central, cóncava, roturada y convertida en un bosque, se conecta visualmente al conjunto de la ciudad desde la aparición de las múltiples y medidas perforaciones pasantes, que a su vez articulan a las viviendas y las conexiones en planta baja. Estos huecos permiten una respiración del edificio, que sigue recibiendo las brisas de los espacios abiertos y que convierte un interior en un exterior. De la misma manera las perforaciones permiten una disposición de viviendas doblemente orientadas a la vez y protegidas por el efecto de un patio en altura que se dispone como un elemento intermedio entre la condición pública de la plaza y la privada de la vivienda. Un elemento de carácter ambiguo que permite engastar la vivienda con nuevos programas y usos no establecidos y reglados en este tipo de edificación. Desde el interior, es posible relacionarse con el exterior de la ciudad a través de perforaciones de proporción horizontal en planta baja que acaban por ampliar el horizonte del patio. Aunque lo que se muestra con cálida nitidez es el cielo de Cuatro Vientos.

La célula es una vivienda con patio en altura. Una revisión de las propuestas de Le Corbusier para su proyecto de Inmuebles-Villa, aunque también se relaciona con la vivienda patio de un mediterráneo que valora con sutileza la aparición de espacios intermedios, lugares de usos difusos pero siempre atractivos e intensos. El patio puede articularse como delantero o trasero pero siempre pasante y ligado a la estancia de día, siendo un complemento, un escape, un desahogo, a la vida interior de una viviendas normativamente mínimas. El patio es un huerto y una plaza. A través suyo se produce la transpiración del edificio y de las viviendas. Un lugar soleado en invierno y fresco en verano. Con vistas cruzadas del interior y el exterior, del jardín y la calle, de la luz y la sombra. El patio como 'interface' permite asimilar orientaciones muy distintas con mínimas modificaciones dentro de la vivienda. La posibilidad de construcción de estos elementos en un edificio de vivienda pública es posible leyendo la normativa de manera radical, agrupando espacio de lavaderos y balcones, comprimiendo al mínimo los pasillos interiores y espacios de conexión y entendiendo el patio como la estancia de entrada a la vivienda, haciendo desaparecer ésta del interior, para convertirla en una estancia que agrupa salón, comedor y la posibilidad de unión de la cocina.

La organización del bloque de viviendas, se obtiene desde la voluntad conceptual de aplicación de un sencillo mecanismo de agrupación lineal y ordenada sobre una bandeja estructural de hormigón armado previamente construida, esa misma agrupación se produce en altura, desde la mas estricta literalidad, provocando una lectura de contenidos mecánicos, cada una de esas células habitadas tendrían la necesidad de ser asumidas por la industria y transportadas de manera natural a sus bandejas de apilación y conectadas con las distintas redes de suministro y evacuación. En ese aspecto su construcción se convertiría en seriada, dejando la individualidad para el contacto con los usuarios. Su interior de muebles móviles, de espacios versátiles con huecos disponibles en suelos, techos y paredes se comporta como un automóvil, como un elemento de distintos modelos que puede ser acoplable a una rejilla de servicios en altura. El exterior, por tanto se construye en carrocería de chapa, se comporta como una fachada transventilada, cuyos huecos se mimetizan mediante celosías y sus esquinas se curvan. Un elemento de repetición que pretende conservar un cierto grado de individualidad.

El edificio se establece como un conjunto ordenado de carrocerías metálicas, cuyos colores y acabados podrían quedar a la elección de los usuarios mediante un catálogo de combinaciones, que pasan desde el color de la fachada hasta la organización interior y sus acabados. El proyecto es en este sentido una estrategia, un modo de generar y consensuar deseos de habitar; un sistema se trabajo en el que el arquitecto organiza y estructura, ordena y construye, pero no toma unas decisiones finales que quedan al libre albedrío del usuario, del que tan sólo debemos esperar que viva un poco mejor.

LOCALIZACIÓN: c/ Ensanche de Carabanchel, 91 - Madrid
AUTOR: Temperaturas Extremas Arquitectos s.l. _ Atxu Amann Alcocer, Andrés Cánovas Alcaraz y Nicolás Maruri González de Mendoza
PROMOTOR: EMVS, Empresa Municipal de la Vivienda y el Suelo de Madrid
CONSTRUCTOR: CONAIT. Ploder-Uicesa

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Imágenes
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