01 Septiembre 2011

José Antonio Domínguez Salazar

ARQUITECTO COMPLETO

Hemos perdido los papeles, pero no la intención de seguir escribiendo sobre nuestros “Maestros de la Arquitectura”. Evidentemente no es lo mismo leer una página, sobre soporte material, que en la pantalla del ordenador, donde se impone extractar el texto y resaltar la imagen. No obstante, no podemos dejar de ofrecer algunas referencias, de la que fue la amplísima vida profesional del Arquitecto y Académico, Excmo. Sr. D. José Antonio Domínguez Salazar. No en vano, el también insigne Arquitecto D. Luis Moya lo describió acertadamente como “Arquitecto completo”.
  • Por: © Álvaro de Torres Mc. Crory
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José Antonio Domínguez Salazar
José Antonio Domínguez Salazar
Familia de arquitectos
Familia de arquitectos
Abuelo - Manuel Domínguez Barros Padre - José Antonio Domínguez Salazar Hojos - Josá Antonio y Manuel Domínguez Urquijo
Casa de Torres Espinosa de los Monteros - 1975. La Florida, Madrid.
Casa de Torres Espinosa de los Monteros - 1975. La Florida, Madrid.
Estadio de San Mamés
Estadio de San Mamés
¡¡ Qué más puede construir un arquitecto en España que la "Catedral del fútbol"
Casa M. de la Quintana-Guadalmina, Marbella.
Casa M. de la Quintana-Guadalmina, Marbella.
Volúmenes extraordinariamente actuales
Pista cubierta de tenis. San Sebastián
Pista cubierta de tenis. San Sebastián
El volumen interior recoje las trayectorias de la bola.
Picadero cubierto en el Club de Campo de Madrid - 1965
Picadero cubierto en el Club de Campo de Madrid - 1965
Interesantísima cubierta colgante transversal en la que colaboró en ingeniero Carlos Fernández Casado.
Viviendas en la calle Núñez de Balboa / Padilla - 1971
Viviendas en la calle Núñez de Balboa / Padilla - 1971
Arquitecto y deportista
Arquitecto y deportista
  • Galería de imágenes:

Hijo, padre y abuelo de Arquitecto, nuestro maestro nació en San Sebastián el 19 de Junio de 1911, graduándose en la ETSAM en el año 1940, y obteniendo el Doctorado correspondiente en 1961.
 
Domínguez Salazar es Arquitecto de mención obligada en la construcción del siglo XX. Fue, además, Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, presidiendo la Sección de Arquitectura, que antes estaba asignada, nada menos, que a Fernando Chueca Goitia. También fue Bibliotecario y Archivero, formando parte de la Comisión de Archivo, Biblioteca y Publicaciones, de la citada Real Academia de Bellas Artes; ocupando con larga eficacia su cargo durante más de veinticuatro años.
 
No es casualidad, sino merecimiento indiscutible, el que ocupara el sillón académico que dejó vacante, precisamente, el también gran arquitecto Luis Gutiérrez Soto. En su incorporación a la Academia, Domínguez Salazar leyó su discurso: “La Arquitectura Moderna en su evolución y tendencias actuales”; donde dejó bien patente su compromiso por desarrollar una Arquitectura progresiva, de acuerdo con las posibilidades materiales y los recursos técnicos y económicos, de la España del siglo XX.
 
Nuestro maestro, siempre tuvo en cuenta los aspectos sociales, económicos, urbanísticos y jurídicos, además de considerar los requisitos funcionales y de diseño. Para él fue siempre imprescindible analizar las demandas públicas y privadas, en relación con las necesidades de los diferentes colectivos sociales.
 
Considero fundamental resaltar esta actitud de “arquitecto como servidor social”, coherente con la realidad y consecuente con las posibilidades reales, frente a “estilismos” impuestos por modas excesivamente “caprichosas”.
 
José Antonio Domínguez fue, también, Encargado de la Cátedra de Composición Arquitectónica Elemental, del primer curso de la ETSAM. Conforme trascurre la vida profesional, cada vez valoramos más los “elementos de composición” como herramientas imprescindibles en el diseño inicial de los Proyectos de Arquitectura.
 
Al leer datos biográficos facilitados por su hijo José Antonio Domínguez Urquijo, tomo nota de los amplios viajes de estudios sobre la “vivienda y planeamientos urbanos”, que efectuó su padre, tomando datos por gran parte de la Europa de la posguerra mundial. Es hecho comprobable, el importante papel de Domínguez Salazar en el desarrollo de la vivienda contemporánea, demostrando así, una vez más, su permanente inquietud social.
 
En otros artículos sobre “Maestros de la Arquitectura”, tuve la oportunidad de contar algunas anécdotas personales, que con ellos ocurrieron. En esta ocasión, lamentándolo mucho, no pude conocer a José Antonio Domínguez Salazar.
 
Sin embargo, como extraordinaria compensación, si he podido conocer a sus hijos: José Antonio y Manuel Domínguez Urquijo, notables arquitectos, con quien pude compartir mesas de trabajo: con Manuel pude coincidir, como profesores, en la Cátedra de nuestro querido Catedrático Javier Carvajal Ferrer, cuando “enseñábamos” Proyectos en la ETSAM. He puesto el entrecomillado en “enseñar”, porque tal vez sólo se pueda motivar a cada alumno para que proponga su propio Proyecto y desarrolle su propia experiencia.
 
En mesa bien distinta, pero no menos importante, coincido con su hijo José Antonio en la Junta de Gobierno actual del COAM, presidida por nuestra Decano Paloma Sobrini.
 
Ambos arquitectos, Manuel y José Antonio Domínguez Urquijo, colaboraron con su padre desde el año 1967, impulsando, con gran calidad y eficacia, el Estudio familiar, manteniendo su prestigio hasta la actualidad.
 
Aunque, como dije, no conocí a D. José Antonio si puedo contar algo que me pasó, hace bastantes años, en relación a uno de sus magníficos proyectos. Sería por el año 1975 cuando, recién licenciado como Arquitecto, pretendía yo comerme el mundo, con mucha más petulancia que experiencia.
 
Recuerdo que mi tío, Antonio de Torres Espinosa de los Monteros, distinguido ingeniero militar, ostentaba por entonces la Presidencia de Explosivos Río Tinto, entre otras cosas.
 
Cuando decidió construirse una importante residencia en La Florida, Madrid, no pensó en mí, sino en su buen amigo “Chomín”, como llamaba a José Antonio Domínguez Salazar.
 
Aquello no me sentó especialmente mal, porque aunque me disgustó algo, lo comprendí. Se trataba de elegir entre su apasionado y “futurista” sobrino y el rigor, la calidad y la experiencia que le aseguraba “Chomín”.
 
Al cabo de los años mi tío Antonio me llamó para ver si podía corregir el grosor de los pilares que había en el porche de la entrada de su vivienda. Fui, lo vi, pero no cambié nada... El hecho es que la casa me pareció un ejemplo equilibrado, e inteligente, entre la clasicidad que demandaron mis tíos, y la propuesta moderna y sobria, de volúmenes prismáticos, construida en ladrillo visto. Lástima que la casa fuera derribada torpemente por su siguiente propietario, sustituyéndola por una mansión ostentosa… Lo sentí, aún en proyecto ajeno…
 
Siempre que he usado y disfrutado de espacios construidos, se lo he agradecido al arquitecto que los proyectó y construyó.

Desde joven soy socio del Club de Campo de Madrid y siempre que permanezco en alguna de sus instalaciones me acuerdo de esta familia de arquitectos, los Domínguez Salazar y Domínguez Urquijo…
 
Para valorar la categoría e importancia de un arquitecto, es buena medida ver quienes han sido sus colaboradores, ó con quién ha colaborado. En el caso de nuestro maestro, colaboraron con él nada menos que: Barbero, De Miguel, Aguinaga, Magdalena, Perpiñá, Ridruejo, Blanco Soler, Chueca Goitia, Fernández Casado, Gutiérrez Soto, Moya etc…, y que me perdonen los que no he citado por puro desconocimiento.
 
VISITA AL ESTUDIO
 
La Finca de C/Martínez Campos 53 es magnífica. No en vano, es obra de Luis Gutiérrez Soto. EL ESTUDIO DOMÍNGUEZ SALAZAR Y DOMÍNGUEZ URQUIJO, situado en la planta baja es un espacio amplio y tradicional, de los que ya no se encuentran. Evoca tiempos de extraordinaria actividad.
 
“Mi hermano habla menos que yo, pero piensa más que yo”, dice José Antonio de Manuel…
 
Su padre no “les dejaba” ir a su Estudio, porque insistía en que se formaran primero en la Escuela. Cuando los hijos preguntaban: ¿Por qué?, D. José Antonio les decía: “Vosotros os dedicáis a ser estudiantes de Arquitectura y a coger cultura”…
 
Sin embargo, después, poco a poco los hermanos iban asimilando la experiencia y el rigor del magnífico Estudio de Martínez Campos, que aún mantienen.
 
No obstante, ellos tenían en casa su propio “estudio de estudiantes”, donde confeccionaban sus espléndidas maquetas, contando además con la inestimable ayuda del conocido maquetista Brunet. A mi me da la impresión de que José Antonio y Manuel eran unos “mimados estudiantes de Arquitectura”, que respondían admirablemente con magníficos trabajos.
 
José Antonio, al que estoy acostumbrado a llamar Chomín, como lo hacían con su padre, y Manuel hablan de él con contenida admiración. Hay una sobriedad en esta familia que impresiona calladamente…
 
Nuestro maestro se quedó sin padre cuando contaba, tan sólo, cinco años. No pudo conocerlo pero, sin duda, aquel le transmitió unos “genes arquitectónicos poderosísimos”, pues también fue una gran arquitecto.
 
Su vida transcurrió entre San Sebastián, Vigo y Madrid, y siempre destacó como gran deportista. Llegó a ser Campeón de España de Fútbol Amateur en 1931 con el equipo Imperio y Campeón de Tenis en 1933, siendo uno de los mejores tenistas vascos de la época.
 
Se da la paradoja de que, ya siendo arquitecto, como donostiarra proyectó el estadio de fútbol a su rival, el Atlético de Bilbao…
 
En otro orden de méritos, sus hijos me recuerdan que fue Académico de la Real Academia de San Fernando, ingresando en ella como maestro, no como erudito, que son las dos formas de reconocimiento exigibles.
 
Encontramos aquí otra paradoja, pues a pesar de no haber sido mencionado como erudito, fue durante largos años, como ya se ha dicho, Bibliotecario y Archivero de la citada Real Academia.
 
D. José Antonio siempre fue un hombre austero y nunca “montó” un Estudio de Arquitectura para que así lo pareciera. Aprovechó muebles y enseres de su padre, como algunos de los que todavía he podido observar en su antiguo despacho.
 
Otra característica que sus hijos destacan era su sentido de la realidad profesional: “Las cosas tienen que encajar en cifras y las casas tienen que venderse”… Para él siempre fue obligatorio ceñirse a las exigencias inmobiliarias de cada cliente.
 
No en vano uno de sus principales clientes siempre fue URBIS, porque confió plenamente en su buen hacer, que no es poco…
 
En este punto de la entrañable conversación con Chomín y Manuel, inevitablemente recordamos que: “Lo que no es tradición es plagio…” y recuerdan la frase de su padre: “Soluciones novedosas si, pero dentro de la tradición viva”.
 
Otra característica de D. José Antonio sería su meticulosidad, pues daba muchas vueltas a los proyectos, como trabajador incansable. “También se curraba las obras, y conocía a sus operarios”
 
He tratado de que Chomín y Manuel me cuenten sobre sus inicios en el Estudio de su padre, pero a su vez ellos son parcos, y percibo más sentimientos que escucho palabras.
 
…. “En el Estudio nos dejaba hacer, porque te encargabas de un tema y eras responsable de él hasta el final”. “En los comienzos de un tema había discusiones, algunas acaloradas en principio, pero luego nada…, no había imposiciones y nos daba responsabilidad”… ¡¡Qué gran lección, y que suerte tuvieron sus hijos…!!. A su vez, el gran mérito de ambos es haber llegado a ser los magníficos arquitectos que son. ¡¡No faltaría más!!...
 
Hay un momento, durante la grata conversación que mantengo con mis queridos colegas, en que me entero de algo que me va a servir de anécdota: Resulta que en la segunda mitad de los años setenta, siendo muy joven, mi vida vino a menos, por motivos familiares y económicos. Digo “venido a menos”, porque efectivamente fue así… De vivir en un magnífico piso de 420 m2, en un edificio proyectado por Feduchi, en la Castellana, tuve que mudarme a un pisito en Arapiles. Sin embargo, en este pequeño espacio, en el que comencé mis primeros proyectos para la ETSAM, fui bastante feliz. Aunque pequeña, esta vivienda estaba muy bien distribuida, contando incluso con doble circulación. Ahora, acabo de enterarme de que este espacio fue obra de José Antonio Domínguez Salazar y de Luis Gutiérrez Soto. Doy gracias a los dos por su trabajo, porque en aquella casa comencé a sentirme Arquitecto.
 
Aunque el objeto de este artículo es tratar de dar a conocer algunas de las muchas cualidades de nuestro maestro Domínguez Salazar, es obvio que sus hijos José Antonio y Manuel han tenido muchísimo que ver, en el buen hacer que siempre tuvo este Estudio.
 
Ellos me han formulado su deseo de no “aparecer”, como arquitectos, en este escrito, para dar todo el protagonismo del Estudio a su padre, pero sería injusto dejar de referirnos a su magnífico trabajo profesional.
 
Por ello, las obras fotografiadas corresponden tanto a proyectos de su padre, como a los suyos propios.
 
Para acabar de comprender la figura humana y profesional de José Antonio Domínguez Salazar, nada más oportuno que citar algunas declaraciones de Antonio Bonet Correa, recogidas in memorian, en su discurso ofrecido en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando:
 
“Era persona íntegra y cabal, de temperamento grave y circunspecto, con un gran sentido del deber”…
 
“Siempre estaba dispuesto a encontrar las soluciones justas”…
 
El tenía una “forma de entender la existencia”, siendo siempre: “correcto, parco, afable y atento…”
 
En definitiva, y siguiendo las palabras de Bonet Correa, José Antonio Domínguez Salazar “pertenecía a una generación en la que se unía la tradición con lo novedoso… ese es el sentir del Arquitecto”.
 
En todo caso resulta evidente que: “el equilibrio moral y la ecuanimidad de su obra arquitectónica, fueron el reflejo de su forma de ser y de su forma de sentir la vida”
 

Imágenes
José Antonio Domínguez Salazar Familia de arquitectos Casa de Torres Espinosa de los Monteros - 1975. La Florida, Madrid. Estadio de San Mamés Casa M. de la Quintana-Guadalmina, Marbella. Pista cubierta de tenis. San Sebastián Picadero cubierto en el Club de Campo de Madrid - 1965 Viviendas en la calle Núñez de Balboa / Padilla - 1971 Arquitecto y deportista
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