30 Marzo 2010

La vivienda protegida

HISTORIA DE UNA NECESIDAD

La enorme transformación que la vivienda protegida ha sufrido desde principios del siglo XX, cuando familias de cinco o más personas emigradas desde el campo vivían hacinadas en tugurios del centro de las ciudades y en habitaciones que hacían las veces de dormitorio, cocina y comedor al mismo tiempo; hasta la actualidad, momento en que la vivienda protegida alcanza cotas de calidad, confort, sostenibilidad y ahorro energético que compiten con el sector privado.
  • Por: © Arquitectos de Madrid - Carlos Sambricio
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LA VIVIENDA PROTEGIDA
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LA VIVIENDA PROTEGIDA. HISTORIA DE UNA NECESIDAD, parte de los primeros años del siglo pasado, cuando la escasa capacidad adquisitiva de la nueva población llegada a las ciudades procedente del campo impuso su hacinamiento en los cascos históricos. Buscando dar solución a esta situación, se abrieron varios debates en torno a preguntas como ¿Qué necesidades debe satisfacer una vivienda?, ¿Cómo debemos valorar los cuatro espacios característicos de una vivienda (cocina, comedor, dormitorio y baño)?, ¿Dónde se han de edificar las viviendas protegidas? o ¿Qué dotaciones y equipamientos deben acompañarlas?

Las respuestas a estas cuestiones dieron lugar a muchas y muy distintas soluciones que se muestran en la exposición y que hoy ayudan a comprender porqué las viviendas protegidas actuales son como son y no de otra manera.

De este modo, La vivienda protegida. Historia de una necesidad, surge como guía para conocer el devenir de la vivienda protegida y como aproximación a la idea que los ciudadanos y las instituciones han ido teniendo a lo largo de estos 100 años de lo que debe ser una vivienda digna. En el trasfondo, se percibe asimismo como es en la vivienda dónde mejor se refleja cómo cambia la sociedad.

Pocas necesidades del hombre cobran, como sucede en los primeros años del siglo XXI,

el valor y la significación del concepto de vivienda protegida.

Desde hace más de 100 años, cuando se produce la gran emigración del campo a la ciudad y, en consecuencia, se hace necesario edificar viviendas para los nuevos habitantes, surgen problemas que –concatenados– obligan a una reflexión global.

Frente a los tugurios existentes se impone la necesidad de definir pautas higienistas; ante la única habitación donde, tanto se cocina como cinco o más personas duermen en un único jergón, se proponen espacios que reflejen las nuevas necesidades del hombre; conscientes que son viviendas para quienes llegan a la ciudad habiendo abandonado todo, es preciso un estricto análisis de costos; ante el degrado de los cascos históricos (reflejo de la acción especulativa de quienes habían dividido las antiguas viviendas, convirtiendo éstas en “contenedores de miseria” (lo que hoy llamamos “pisos patera”) se estudia donde construir las viviendas económicas.

Si en un principio, ante la falta de respuesta de la Administración, la única solución fueron las cooperativas obreras, desde 1911 la iniciativa pública (con distintos nombres en los diferentes momentos políticos) asume su responsabilidad, desarrollando frente al privado, una labor de vanguardia en la reflexión sobre qué debe ser la vivienda económica.

En 100 años han cambiado las necesidades de vida y las propuestas concebidas en los años veinte o treinta (los debates sobre las viviendas mínimas o las polémicas sobre dónde establecer los suburbios jardín, así como la voluntad por normalizar, estandarizar o industrializar la construcción de la vivienda) cambian en la postguerra, del mismo modo que el desarrollismo de los años sesenta asume nuevos usos, lo que se traduce en nuevos tipos de vivienda.

Para muchos, para quienes entienden que –por ejemplo– el agua caliente en la ducha es algo tan “cotidiano” como no tener que compartir con algún (o algunos) hermano el lecho, para quienes están acostumbrados al espacio del “estar” –diferenciándolo del espacio de la cocina–, o para quienes nunca supieron lo que eran las antiguas cocinas de carbón; muchas de las imágenes que podrán ver en la exposición les resultarán extrañas.

Organizada por el Ministerio de Vivienda y la Asociación de Promotores Públicos de Vivienda y Suelo (AVS), la exposición echó la mirada cien años atrás para mostrar mediante fotografías y audiovisuales cómo lo que hoy son gestos cotidianos, como abrir el grifo del agua caliente, dormir en una cama o llegar a casa en transporte público, suponen auténticos logros de una sociedad que luchó por superarse y ofrecer la misma calidad de vida para todos en el corazón de las ciudades. Es, asimismo, un particular viaje en el tiempo a través de la vivienda protegida y una sucesión de las múltiples respuestas que se han dado en el último siglo a una misma necesidad vital.

Los contenidos se distribuyen en cuatro salas. Las dos primeras, Los cuatro espacios y La solución de un problema, introducen al visitante en un túnel del tiempo que le permite conocer cómo han ido variando los baños, las cocinas, los dormitorios y las salas de estar o comedores y qué soluciones se han ido dando en este tiempo a los problemas planteados por la vivienda protegida. Se explica por ejemplo, porqué en determinados momentos se optó por construirlas en el extrarradio de las ciudades y posteriormente por integrarlas en el centro de las ciudades, o porqué se pasó de construir viviendas unifamiliares con un pequeño huerto o jardín a grandes bloques.

Las otras dos salas Diez ejemplos de excelencia y Rehabilitación urbana, recorren la historia de la promoción pública de vivienda mediante la exposición de actuaciones emblemáticas de la labor desarrollada por promotores públicos, ya sea edificación de vivienda nueva, ya sea rehabilitación urbana, en estos últimos cien años.


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